Campanário y Calheta, Funchal, Ilha da Madeira, Portugal

Blandy's Madeira Frasqueira Bual 1968: Termodinámica del Método Canteiro y la Pirólisis Enológica

Monografía enológica sobre Blandy's Madeira Frasqueira Bual 1968: termodinámica del método canteiro, caramelización no enzimática, cata organoléptica y sumillería.

28 de Octubre, 2026
28 min de lectura
Bodega: Blandy's Madeira Wine Company
Servicio: 16°C – 18°C
Blandy's Madeira Frasqueira Bual 1968: Termodinámica del Método Canteiro y la Pirólisis Enológica
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Ficha Técnica & Enológica

Parámetros técnicos de bodega

Denominación:DOP Madeira
Añada:1968
Variedades (Coupage):Bual (Malvasia Fina) (100%)
Crianza:Crianza continua de 48 años bajo el método tradicional de Canteiro en pipas de roble americano de 650 litros, situadas en los áticos térmicos de The Old Blandy Wine Lodges en Funchal, antes de su embotellado manual.
Cristalería Sugerida:Copa Riedel Vinum Fortified Wine o copa bordelesa de cáliz medio estilizado
Temperatura de Servicio:16°C – 18°C
Oxigenación previa:120 minutos en decantador

Cata Magistral de Sumiller (3 Fases)

Análisis organoléptico canónico

1. Fase Visual

Color caoba oscuro de profunda concentración cromática con intensos destellos ambarinos y cobrizos, rematado por un ribete verdoso-oliváceo de gran vivacidad, firma inequívoca de una acidez centenaria y un extracto seco formidable. En copa se despliega una lágrima untuosa, compacta, densa y de descenso extremadamente pausado.

2. Fase Olfativa (Nariz & Bouquet)

Aroma deslumbrante y de estratificación hipnótica. Ataque inicial protagonizado por toffee tostado, higos pasos macerados, melaza de caña, cáscara de naranja amarga confitada y nuez de pecán garrapiñada. Al oxigenarse surgen capas terciarias de madera de cedro, caja de puros habanos, resina noble, barniz de violín, café moca recién tostado, cardamomo y un penetrante fondo de yodo marino entrelazado con una acidez volátil punzante pero aristocrática.

3. Fase Gustativa & Final de Boca

Entrada suntuosa, densa y satinada que tapiza el paladar con dulzor noble de caramelo oscuro y dátiles. Inmediatamente después, estalla una acidez málica y tartárica colosal, de filo casi eléctrico y volcánico, que neutraliza cualquier atisbo de empalago y dota al trago de una verticalidad asombrosa. Matices de cacao al 85%, avellanas tostadas, jengibre confitado y humo sutil dialogan en perfecta simbiosis con una mineralidad salina inquebrantable.
Persistencia estratosférica que sobrepasa los 90 segundos (decenas de caudalías sensoriales). Retrogusto marcado por ecos de corteza de cítrico deshidratada, especias exóticas, nuez moscada y una tensión ácida persistente que limpia el paladar e incita de inmediato a un nuevo encuentro.

En el confinamiento geológico del archipiélago atlántico de Madeira florece la paradoja más fascinante de la historia del vino: una criatura enológica nacida para desafiar las leyes de la senescencia celular. Mientras que en el canon universal del vino el oxígeno y el choque térmico representan los dos agentes letales capaces de quebrar el equilibrio aromático y transformar la estructura fenólica en una ruina acética, el vino de Madeira convierte estas amenazas en su motor evolutivo. No existe en el panorama planetario otro néctar que se someta de manera deliberada a una pirólisis controlada y a una hiperoxidación prolongada durante décadas para engendrar un elixir indestructible, invulnerable al paso de los siglos y dotado de una vibrante tensión mineral.

El Blandy's Madeira Frasqueira Bual 1968 encarna el cénit absoluto de esta filosofía de alquimia térmica. Cosechadas a mano las bayas de la noble cepa Bual en las terrazas volcánicas escarpadas del sur de la isla, su mosto experimentó una fermentación interrumpida por la adición de aguardiente vínico de alta pureza a 96% vol., fijando un nivel de azúcares residuales naturales que oscila en el registro del medio dulce (meio doce). A partir de ese instante fundacional, el vino no fue recluido en criptas subterráneas frescas ni preservado de la luz, sino elevado a los áticos ardientes del centro histórico de Funchal para iniciar una odisea de casi medio siglo bajo el régimen termodinámico del método Canteiro.

Aproximarse a esta Frasqueira —la designación más solemne y restrictiva que otorga la reglamentación lusa a los vinos de añada única criados un mínimo de dos décadas en madera noble— trasciende el protocolo de la cata convencional. Degustar este 1968 representa una inmersión en la memoria secular de una viticultura heroica, donde los fenoles, los ésteres terpénicos y los aldehídos han experimentado una lenta caramelización molecular guiada por las fluctuaciones estacionales del océano. En las páginas siguientes desgranamos la física, la microbiología y la orfebrería de un titán líquido que no teme al tiempo, concebido para permanecer inalterable durante generaciones.

CAPÍTULO 01

Capítulo 1: El Mito de la Travesía Térmica: De las Indias Orientales a los Canteiros de Funchal

Para desentrañar el alma de un vino como el Blandy's Madeira Frasqueira Bual 1968 es imperativo remontarse al origen marítimo de su génesis. Durante los siglos XVI y XVII, la isla de Madeira constituía la última escala obligada para los navíos mercantes transatlánticos de las potencias europeas que emprendían rumbo hacia el cabo de Buena Esperanza, la India y las Indias Orientales. Las barricas de vino local, fortificadas con alcohol de caña para evitar que se agriaran durante el cruce del ecuador terrestre, se estibaban en las bodegas inferiores de los galeones como lastre náutico, quedando sometidas durante meses a temperaturas tórridas, balances perpetuos y un intercambio continuo de calor húmedo en lo que se conoció como los vinhos de torna-viagem.

El regreso accidental a Europa de algunas pipas que no llegaron a ser desembarcadas en Ultramar desveló un enigma desconcertante: en lugar de hallar un licor acético y arruinado, los bodegueros descubrieron un elixir transformado. El vino presentaba una integración tánica sedosa, aromas melosos de frutos secos y una estabilidad fisicoquímica asombrosa frente a la alteración bacteriana. La explicación radicaba en un proceso térmico pionero que emulaba las técnicas de crianza que más tarde inspirarían a otros viñedos mundiales. Contrastando esta crianza extrema por hipertermia con el ambiente reductor estricto de El Silencio del Abismo: La Crianza Subacuática como Alquimia Enológica para Vinos de Colección y Alta Expresión, observamos cómo Madeira explora la frontera diametralmente opuesta: el matrimonio deliberado del vino con el oxígeno caliente.

Hacia finales del siglo XVIII, la naviera y las casas bodegueras de Funchal perfeccionaron este fenómeno sin necesidad de fletar navíos mercantes. Nació así el método Canteiro, llamado de este modo por las vigas o soportes de madera (canteiros) sobre las cuales se apoyan las pipas de roble en las plantas superiores y buhardillas de los lodges de crianza. A diferencia del sistema industrial de estufagem (donde el vino se calienta artificialmente en depósitos de acero inoxidable con serpentines durante tres meses para vinos jóvenes), el Canteiro es una liturgia pasiva que se rige exclusivamente por el calor natural del sol irradiado sobre los tejados de zinc y teja tradicional durante décadas.

En este templo de sosiego reposó la cosecha 1968 de Blandy's durante 48 años. Allí, la atmósfera seca de los áticos fue propiciando una concentración evaporativa implacable, perdiendo anualmente hasta un 3% de su volumen original por evaporación pasiva (a parte dos anjos), lo que transformó el mosto virgen en un destilado de pureza fenólica y minerales volcánicos irrepetible.

Capítulo 1: El Mito de la Travesía Térmica: De las Indias Orientales a los Canteiros de Funchal
Capítulo 1: El Mito de la Travesía Térmica: De las Indias Orientales a los Canteiros de Funchal
CAPÍTULO 02

Capítulo 2: La Paradoja Fisiológica: Acidez Volcánica y Viticultura Heroica de la Bual

La singularidad enológica del Madeira descansa sobre un pilar indestructible: su acidez titánica. Mientras que en las regiones continentales los vinos dulces y licorosos suelen lidiar con niveles de pH elevados que amenazan su longevidad sensorial, en Madeira la base geológica de basalto meteorizado y toba volcánica inyecta un cóctel de minerales que preserva valores de pH bajísimos, habitualmente situados entre 3.10 y 3.35, y acideces totales que superan sin titubeos los 9 a 10 g/l expresados en ácido tartárico.

La variedad Bual (identificada ampelográficamente como Malvasia Fina en el Portugal continental) es la aristócrata del equilibrio agridulce. A diferencia de la Sercial, que habita las cotas más frías y septentrionales para forjar vinos secos y afilados, o de la golosa Malvasia de São Jorge, la Bual se cultiva preferentemente en la vertiente meridional soleada, entre los municipios de Campanário, Ribeira Brava y Calheta, en altitudes que rondan entre los 100 y 300 metros sobre el nivel del mar.

En estas terrazas colgadas sobre el abismo —los célebres poios—, la viticultura sólo puede ser heroica y artesanal. Los viticultores conducen las cepas en latadas (pérgoladas horizontales bajas) para resguardar los racimos de la humedad telúrica costera y garantizar la aireación por las brisas atlánticas. Esta arquitectura vegetal retrasa la deshidratación prematura y permite que la uva desarrolle una concentración de azúcares moderada-alta, manteniendo intacta una carga deslumbrante de ácido málico que persistirá viva tras decenios de envejecimiento térmico.

La vendimia de 1968 se caracterizó por un verano seco y un otoño radiante en el sur de Madeira. Los racimos de Bual entraron en bodega con una sanidad impecable y un extracto seco extraordinario, el cimiento biológico indispensable para edificar un vino que debía someterse a medio siglo de estrés oxidativo sin desmoronarse jamás.

Capítulo 2: La Paradoja Fisiológica: Acidez Volcánica y Viticultura Heroica de la Bual
Capítulo 2: La Paradoja Fisiológica: Acidez Volcánica y Viticultura Heroica de la Bual
CAPÍTULO 03

Capítulo 3: Bioquímica de la Longevidad: Maillard, Pirólisis y Caramelización en Canteiro

El milagro que acontece en el interior de una pipa de roble en un desván de Funchal durante cuatro décadas no es una simple crianza oxidativa: es una coreografía termodinámica de alteraciones moleculares complejas. El calentamiento cíclico que experimenta el vino —alcanzando temperaturas estivales de 35°C a 42°C en la parte más alta de los áticos, descendiendo a 18°C en invierno— desencadena reacciones que los enólogos asocian al fenómeno de la pirólisis controlada y la caramelización de azúcares sin intervención enzimática.

En este contexto, la interacción constante entre los azúcares residuales (fructosa y glucosa), los aminoácidos libres derivados de la lisis celular de las levaduras y el oxígeno disuelto promueve la generación de compuestos furánicos y dicarbonílicos. Como se analiza en los tratados de fisicoquímica culinaria sobre El Dominio Absoluto de la Reacción de Maillard: Temperatura Crítica, pH y Pirólisis Controlada, estas transformaciones son las responsables directas de las moléculas aromáticas de toffee, corteza tostada y matices empireumáticos.

Paralelamente, se produce una síntesis sostenida de sotolon (3-hidroxi-4,5-dimetil-2(5H)-furanona), el marcador aromático arquetípico de los grandes vinos oxidativos del mundo. Con un umbral de percepción olfativa extremadamente bajo (pocos microgramos por litro), el sotolon confiere a este Frasqueira 1968 sus notas inconfundibles de curry, fenogreco, caramelo quemado, nueces partidas y sirope de arce concentrado, otorgándole una complejidad aromática estratificada que desafía los sentidos.

Al mismo tiempo, la degradación oxidativa de los monoterpenos y la hidrólisis térmica de los taninos de la madera de roble liberan derivados de vainillina, ácido elágico y guaiacol. El vino no se pudre porque el ambiente hiperácido y el grado alcohólico (20% vol.) impiden cualquier desarrollo bacteriano nocivo, mientras que la continua evaporación de agua concentra todos los solutos nobles hasta alcanzar una estabilidad coloidal perpetua.

Capítulo 3: Bioquímica de la Longevidad: Maillard, Pirólisis y Caramelización en Canteiro
Capítulo 3: Bioquímica de la Longevidad: Maillard, Pirólisis y Caramelización en Canteiro
CAPÍTULO 04

Capítulo 4: La Arquitectura del Frasqueira: De la Cepa al Embotellado Manual

Para que una botella merezca lucir en su etiqueta la palabra sagrada Frasqueira (o Vintage Madeira), debe someterse a la reglamentación más estricta del panorama vitivinícola mundial, tutelada con celo milimétrico por el Instituto do Vinho, do Bordado e do Artesanato da Madeira (IVBAM). No basta con proceder de un único año de cosecha excepcional y de una sola variedad noble: la ley exige un reposo ininterrumpido en madera de roble por un período no inferior a 20 años.

Sin embargo, las familias legendarias como la dinastía Blandy —asentada en Madeira desde que John Blandy arribara a la isla en 1811— van mucho más allá de las exigencias del pliego de condiciones. La barrica que albergaba este Bual 1968 permaneció custodiada 48 años ininterrumpidos en las crujías altas de The Old Blandy Wine Lodges en Funchal. Año tras año, el maestro bodeguero cataba individualmente cada pipa de 650 litros para monitorizar la velocidad de evaporación y la curva de concentración de la acidez.

Durante su prolongada permanencia en Canteiro, los barriles más viejos se ubican en la planta inmediatamente bajo el tejado durante los primeros lustros para beneficiarse del calor más intenso. Conforme el vino alcanza una maduración fenólica superior y el riesgo de desecación se acentúa, las pipas son descendidas a las plantas intermedias y bajas, donde la temperatura es sensiblemente más templada y la humedad ambiental atlántica modera la tasa de transpiración.

En el año 2016, tras casi medio siglo de meditación en roble sazonado, se tomó la decisión soberana de detener la crianza en pipa y proceder a su embotellado manual. Cada botella fue llenada, taponada con corcho natural de máxima densidad y sellada minuciosamente con lacre histórico, conservando intacta para los coleccionistas del siglo XXI la atmósfera irrepetible de aquel otoño de 1968.

Capítulo 4: La Arquitectura del Frasqueira: De la Cepa al Embotellado Manual
Capítulo 4: La Arquitectura del Frasqueira: De la Cepa al Embotellado Manual
CAPÍTULO 05

Capítulo 5: Cata Fina de una Leyenda: 1968 en el Espejo Sensorial

Servido a una temperatura pulcra de 17°C en copa Riedel de cáliz estilizado, el Blandy's Frasqueira Bual 1968 despliega su hipnótico abanico de tonalidades. En su núcleo fulgura un color caoba oscuro con reflejos de ámbar cobrizo y bronce fundido. La seña indiscutible de su prolongada crianza reposa en su menisco perimetral: un halo de tonalidad verdosa fluorescente (green flash), evidencia visual de la extrema concentración de clorofilas oxidadas y ácidos orgánicos que sólo los vinos con más de cuatro décadas en madera son capaces de manifestar.

En la fase olfativa estática, el vino parece contenido, reteniendo su misterio por unos instantes. No obstante, al imprimírsele una sutil agitación rotatoria, se desata una tempestad aromática multidimensional. La primera oleada regala notas opulentas de higos secos turcos, pan de higo con almendras, melaza negra de caña y naranja amarga de Sevilla confitada en caldero de cobre. Segundos más tarde aflora la sinfonía de la madera centenaria: barniz de ebanistería antigua, hojas de tabaco de pipa, corteza de cedro aromático, nuez de nogal, canela en rama y granos de café de tueste torrefacto.

En boca, la experiencia raya en lo sobrenatural. La entrada es generosa, aterciopelada y melosa, manifestando su rango de azúcar residual medio dulce (alrededor de 80-85 g/l), pero antes de que el paladar pueda registrar cualquier sensación de pesadez, irrumpe una columna vertebral de acidez cítrica y málica que sacude las papilas gustativas como una descarga eléctrica. Esta acidez titánica limpia la grasa azucarada y estira el vino a lo largo de la cavidad bucal, impregnándola de recuerdos de jengibre cristalizado, té negro lapsang souchong, salmuera marina y yodo de roca volcánica.

El final de boca no es una despedida, sino una estancia indefinida. Los compuestos de la caramelización y la mineralidad basáltica persisten en el aliento con una elegancia aristocrática, dejando un eco limpio, seco en el retrogusto y dotado de una juventud paradójica que desafía el sentido común cronológico.

Capítulo 5: Cata Fina de una Leyenda: 1968 en el Espejo Sensorial
Capítulo 5: Cata Fina de una Leyenda: 1968 en el Espejo Sensorial
CAPÍTULO 06

Capítulo 6: Sumillería de Extremos: Decantación, Servicio y Longevidad Infinita

El protocolo de servicio de un Madeira Frasqueira exige desaprender los dogmas convencionales aplicables a los vinos tranquilos. Ante una botella de 1968, nos encontramos ante un organismo enológico que ha metabolizado más oxígeno en su vida que cualquier otro vino sobre la Tierra. Por consiguiente, no sufre por el contacto con el aire; muy al contrario, lo reclama para desplegar sus alas. Es aconsejable abrir la botella con un sacacorchos de láminas de doble punta (The Durand o similar) al menos 12 a 24 horas antes de la degustación formal, permitiendo que la atmósfera en botella se homogenice.

Si se opta por una decantación pausada en la propia mesa, dos horas en una jarra de cristal de cuello fino bastarán para que los volátiles más punzantes se disipen y la paleta terciaria de sotolon y terpenos florezca en plenitud. La temperatura jamás debe exceder los 18°C ni caer por debajo de los 15°C: el frío excesivo mutaría la acidez en una cuchilla desapacible y adormecería los aceites esenciales de la madera, mientras que el calor superior potenciaría el alcohol vínico de 20 grados.

La ventaja más fascinante de poseer una Frasqueira de Blandy's radica en su invulnerabilidad tras la apertura. Una botella de vino convencional debe consumirse en un lapso de 48 horas tras ser descorchada; un Madeira de esta estirpe puede permanecer abierto en un aparador o bodega durante cinco, diez o quince meses sin sufrir el más mínimo declive sensorial. El aire ya no puede herir a un vino que fue forjado en el crisol del fuego y la oxidación; cada copa servida meses después mostrará una textura aún más pulida y sedosa.

Para un maridaje de autor, además de las sublimes armonías clásicas con quesos azules centenarios o postres de cacao y nuez moscada, este Bual se fusiona con elaboraciones saladas de alta complejidad sápida, como un caldo dashi hiperconcentrado de pichón asado o moluscos atlánticos cocinados a la brasa con toques de humo.

Capítulo 6: Sumillería de Extremos: Decantación, Servicio y Longevidad Infinita
Capítulo 6: Sumillería de Extremos: Decantación, Servicio y Longevidad Infinita
CAPÍTULO 07

Capítulo 7: El Guardián del Tiempo: Conservación y Futuro de las Frasqueiras Históricas

Frente a las botellas de los grandes vinos de Burdeos, Borgoña o Barolo, que requieren un reposo rigurosamente horizontal en criptas con temperaturas que oscilen entre 11°C y 13°C para mantener el corcho saturado de líquido y frenar la entrada de oxígeno, el vino de Madeira dicta sus propias normas arquitectónicas. Las botellas de Frasqueira deben guardarse invariablemente en posición VERTICAL. Al tratarse de un vino con 20% vol. de graduación alcohólica y una acidez hiperagresiva, el contacto prolongado del líquido con el corcho durante décadas acabaría degradando los tejidos celulares del alcornoque, transmitiendo defectos indeseados o contaminaciones aromáticas.

La atmósfera del almacén de guarda debe gozar de oscuridad y una humedad ambiental que ronde el 60-70% para evitar que el corcho se seque por su cara externa. En estas condiciones, el potencial de vida de Blandy's Frasqueira Bual 1968 no se mide en décadas, sino en centurias. No es una hipérbole retórica: los coleccionistas degustan con regularidad botellas de Madeira del siglo XVIII (como cosechas de 1792 o 1795) que continúan luciendo una vivacidad punzante y un equilibrio milagroso.

El valor enológico de esta botella no cesa de revalorizarse en los mercados internacionales de Sotheby's y Christie's, pero más allá de su cotización bursátil, su auténtica riqueza reside en su papel de cápsula del tiempo cultural. Descorchar esta botella es degustar el sol atlántico de los años sesenta, el sudor de los campesinos que vendimiaban en los acantilados basálticos de Calheta y la sabiduría secular de una familia de bodegueros que supo domar el calor para fabricar la única eternidad líquida que conoce el ser humano.

Sumillería Molecular

Armonías Gastronómicas Canónicas

Terrina de foie gras caramelizada al soplete con compota especiada de higos negros y sal volcánica

La descomunal acidez tartárica del Bual corta la suntuosidad lipídica del pato con precisión quirúrgica, mientras que los azúcares residuales nobles y las notas de melaza abrazan la caramelización superficial del hígado graso.

Queso Roquefort de cueva o Stilton añejado acompañado de nueces tostadas

El choque molecular entre las vetas salinas y el moho Penicillium roqueforti con las notas de frutos secos y la acidez hiperoxidativa del vino crea un contrapunto umami de intensidad inagotable.

Tarta de chocolate amargo 80% con naranja confitada amarga y reducción balsámica de frutos negros

Los taninos dulces del roble americano y los compuestos de la pirólisis enológica (furfurales y lactonas) establecen un puente organoléptico exacto con el cacao fino Criollo y los aceites esenciales de la corteza de cítrico.

Fotografía Gastronómica MomenFress
Cartografía Enológica & Terruño

Geolocalización, Terruño & Sede

Composición edafológica, microclima del pago y localización geográfica del terruño.

Terruño & Subzona Canónica

Campanário y Calheta, Funchal, Ilha da Madeira, Portugal

Sede Reguladora: Avenida Arriaga 28, 9000-064 Funchal, Madeira
Geología & Ecosistema del Terroir

Microparcelas cultivadas en bancales minúsculos (denominados localmente 'poios') sostenidos por muros de piedra seca sobre pendientes volcánicas basálticas que se precipitan hacia el océano Atlántico. Suelos de origen volcánico ricos en hierro, magnesio y fósforo pero extremadamente deficitarios en potasio, lo que condiciona de forma directa el perfil hiperácido natural de los mostos. El régimen hídrico está regulado por una red ancestral de canales de regadío denominados 'levadas'.

Pago singular de vinificación de mínima intervención
Consultas Enológicas

Preguntas Frecuentes (10 Claves)

Criterios técnicos de cata, decantación, potencial de guarda y maridajes moleculares resueltos por nuestro equipo enológico.

El método Canteiro envejece el vino de forma natural y lenta mediante el calor solar en áticos de madera durante un mínimo legal de dos años (y décadas en las Frasqueiras), logrando una integración molecular sutil y aristocrática. El método Estufagem es un proceso industrial y acelerado donde el vino se calienta en depósitos de acero inoxidable con serpentines de agua caliente a 45°C–50°C durante al menos tres meses, reservado habitualmente para vinos más jóvenes de 3 a 5 años.

La mención 'Frasqueira' (o 'Vintage') es la máxima categoría de calidad reglamentada por el IVBAM. Exige que el vino pertenezca a una única añada excepcional, esté vinificado a partir de una única variedad noble recomendada (como Bual, Sercial, Verdelho o Malvasia) y haya envejecido un mínimo estricto de 20 años en pipas de madera noble antes de ser aprobado por el panel oficial de cata.

Porque se somete a una hiperoxidación y un calentamiento continuos desde su juventud bajo un grado alcohólico protector (19-20% vol.) y una acidez hiperácida que impide el desarrollo de bacterias acéticas dañinas. Al haber agotado todas las rutas oxidativas posibles durante décadas en madera, el vino alcanza una estabilidad química irreversible y no puede degradarse más.

A diferencia de los vinos secos o fortificados tradicionales que deben beberse en pocos días, un Madeira añejo en Canteiro puede permanecer perfectamente bebible durante un año o más con el tapón puesto a temperatura ambiente fresca, ya que el contacto con el aire no provoca alteraciones negativas.

La uva Bual engendra tradicionalmente vinos 'Meio Doce' (medio dulces), con un contenido de azúcares residuales de entre 65 y 90 gramos por litro. Se ubica cromática y estructuralmente entre la Verdelho (medio seca) y la Malvasia (dulce y opulenta).

El destello o anillo verdoso en el borde de la copa (conocido en inglés como 'green rim' o 'green flash') es el testimonio visual de una acidez excepcionalmente alta combinada con la descomposición y concentración secular de los pigmentos vegetales y clorofilas oxidadas tras más de 40 años en barrica.

La responsable principal es la molécula 'sotolon' (3-hidroxi-4,5-dimetil-2(5H)-furanona), un compuesto lactónico extraordinariamente potente que se forma mediante la reacción de Maillard y la condensación de azúcares y aminoácidos sometidos a altas temperaturas continuadas.

Sí, es muy aconsejable decantarlo entre 1 y 2 horas antes de servirlo para disipar los ésteres volátiles acumulados en la botella cerrada durante décadas y permitir que el bouquet aromático se abra de manera sosegada y limpia.

Debido a la formidable acidez volcánica del mosto sumada a su 20% de graduación alcohólica. Si el vino descansara en contacto continuo con el corcho durante años, disolvería y degradaría la estructura del alcornoque, comprometiendo la pureza del néctar.

Los suelos volcánicos meteorizados son sumamente ricos en hierro, magnesio y fósforo pero muy pobres en potasio. Esto impide que el ácido tartárico y el málico se neutralicen en la planta, forjando vinos con acideces estratosféricas y un característico fondo mineral, casi salino y yodado, en el retrogusto.

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