2021 · DO Catalunya / Subzona Penedès & ConcaAlt Penedès / Conca de Barberà, España

El Genoma Olvidado: La Resurrección de Variedades Ancestrales en la Alta Enología

Tratado enciclopédico sobre la recuperación de cepas ancestrales extintas, arqueología genética, resistencia climática y vinificación de alta precisión.

2026-10-09
28 min de lectura
Bodega: Celler de les Varietats Oblidades & Domaine R-E
Servicio: 15°C – 17°C
El Genoma Olvidado: La Resurrección de Variedades Ancestrales en la Alta Enología
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Ficha Técnica & Enológica

Parámetros técnicos de bodega

Denominación:DO Catalunya / Subzona Penedès & Conca
Añada:2021
Variedades (Coupage):Moneu (50%), Forcada (25%), Querol (15%), Gonfaus (10%)
Crianza:16 meses de crianza combinada en tinajas de gres cerámico de 500 litros (40%), foudres de roble austríaco Stockinger de 2.500 litros sin tostar (40%) y tinas de hormigón crudo (20%).
Cristalería Sugerida:Copa Borgoña Gran Cru / Zalto Burgundy de cáliz amplio y fuste ultra fino
Temperatura de Servicio:15°C – 17°C
Oxigenación previa:45 minutos en decantador

Cata Magistral de Sumiller (3 Fases)

Análisis organoléptico canónico

1. Fase Visual

Rojo rubí de media capa con destellos violáceos y reflejos granates traslúcidos. Gran limpidez y lágrima fluida, elegante y carente de artificios de extracción forzada.

2. Fase Olfativa (Nariz & Bouquet)

Apertura magnética de fresas de bosque silvestres, granada agria, pétalos de rosa marchita y corteza de naranja amarga. Paulatinamente emergen capas profundas de pimienta de Sichuan, monte bajo mediterráneo (lentisco, cantueso), arcilla húmeda y un fondo mineral telúrico que recuerda a la roca caliza pulverizada tras la lluvia.

3. Fase Gustativa & Final de Boca

Ataque vertical y vibrante, dominado por una acidez málica y tartárica de insólita frescura que electrifica las papilas. Tanino finísimo, de grano etéreo y textura sedosa que envuelve sin constreñir. Revela una mineralidad crujiente y una fruta roja acidulada de precisión quirúrgica.
Persistencia prolongada y aérea (más de 50 caudalías), con ecos aromáticos de hierbas aromáticas silvestres, humo blanco, grafito y una sapidez salina que estimula irresistiblemente un nuevo sorbo.

Bajo el lecho silente de los viñedos ibéricos yace un archivo criptográfico de incalculable valor: cientos de variedades de uva que alimentaron a civilizaciones pretéritas y que la plaga de la filoxera a finales del siglo XIX, unida a la industrialización agraria del siglo XX, barrió del mapa agronómico. Aquella homogenización forzosa condenó al olvido a cepas milenarias de extraordinaria identidad aromática y formidable vigor, arrinconando la diversidad vegetal en favor de unas pocas decenas de castas cosmopolitas y uniformadoras. Sin embargo, la alta enología contemporánea ha comprendido que el pasado no es una reliquia inerte, sino la brújula indispensable para refundar el futuro sensorial del vino frente a las transformaciones climáticas del planeta.

La arqueología botánica, la ampelografía genética y el rescate obstinado de cepas residuales refugiadas en barrancos inaccesibles, bancales abandonados y tapiales centenarios han prendido la mecha de una auténtica revolución silenciosa. Científicos y viticultores de élite, dotados de secuenciadores de ADN y un fervor humanista casi renacentista, rastrean palmo a palmo las laderas de las grandes cuencas fluviales. Al identificar esquejes salvajes sin registro documental moderno, sanean sus virus primigenios, los microinjertan en pies resistentes y descubren, con asombro reverencial en las salas de cata, una frescura lumínica, una acidez eléctrica y un perfil fenólico inalcanzable para las uvas domesticadas por el mercado masivo.

Esta creación pionera encarna la consagración líquida de dicho rescate. Al amalgamar variedades tintas y blancas ancestrales en una sinfonía de vinificación pausada y respetuosa, este vino desafía las clasificaciones tradicionales de la enología estandarizada. Representa una meditación gustativa sobre la memoria de la tierra, donde la acidez natural preservada en maduraciones lentas proporciona una longevidad arquitectónica soberbia. Es una obra maestra que devuelve al paladar contemporáneo la complejidad salvaje, sutil y profundamente mineral de un patrimonio biológico que estuvo a escasos milímetros de la extinción definitiva.

CAPÍTULO 01

Capítulo 1: El Cataclismo Filoxérico y la Gran Uniformidad del Viñedo Global

Para comprender la magnitud de la cruzada agronómica que hoy encabeza la enología de vanguardia, es imperativo retrotraerse a la segunda mitad del siglo XIX, cuando el pulgón microscópico Daktulosphaira vitifoliae, conocido universalmente como la filoxera, desembarcó en los puertos de Europa procedente del continente americano. En cuestión de tres décadas, el insecto devoró las raíces de la Vitis vinifera europea, provocando la desolación de millones de hectáreas de viñedo desde Burdeos hasta La Rioja, desde el Douro hasta las estribaciones pirenaicas. La devastación no solo arruinó haciendas señoriales y economías rurales enteras; borró de golpe un mosaico genético construido pacientemente a lo largo de más de dos mil años de cultivo ininterrumpido.

La salvación de la viticultura se logró mediante el injerto masivo de las variedades europeas sobre pies de vid de origen americano resistentes a la picadura radicular. Sin embargo, este proceso de replantación trajo consigo un peaje biológico desgarrador. Por motivos puramente económicos de rendimiento por hectárea, facilidad de cuajado y adaptación a los nuevos patrones comerciales, los viticultores descartaron millares de variedades locales consideradas díscolas, tardías o de menor graduación alcohólica. Las grandes comarcas vitivinícolas del mundo optaron por un selecto grupo de variedades dóciles, iniciando una era de estandarización varietal que terminaría por homogeneizar el perfil organoléptico mundial en favor del Cabernet Sauvignon, el Merlot o el Chardonnay.

Aquellas cepas despreciadas por su ciclo vegetativo desmesuradamente largo o por su acidez cortante quedaron confinadas en las esquinas más agrestes del territorio: lindes de bancales olvidados, barrancos sombríos y huertos familiares de autoconsumo. Durante casi un siglo y medio, estas supervivientes mudas resistieron inclemencias climáticas, sequías estivales y el avance del bosque salvaje, conservando en sus cadenas de ADN respuestas evolutivas que la ciencia contemporánea apenas comienza a desentrañar.

Hoy, en un escenario donde el cambio global eleva las temperaturas y amenaza con maduraciones alcohólicas desmesuradas y uvas carentes de frescor, la enología ilustrada vuelve la vista hacia aquellas parias del siglo XIX. Lo que antaño se consideraba un defecto agronómico —un ciclo vegetativo tardío que madura cuando caen las hojas de otoño o una acidez tartárica que no claudica ante el bochorno de agosto— se ha transformado en el tesoro más codiciado de la viticultura de precisión del siglo XXI.

Capítulo 1: El Cataclismo Filoxérico y la Gran Uniformidad del Viñedo Global
Capítulo 1: El Cataclismo Filoxérico y la Gran Uniformidad del Viñedo Global
CAPÍTULO 02

Capítulo 2: Arqueología Ampelográfica y la Búsqueda Molecular en el Matorral

El rescate de una variedad ancestral no se asemeja a la botánica convencional de vivero; es una labor de detectivesca pura que fusiona la historia oral de ancianos campesinos con la tecnología genómica más sofisticada. Los equipos de rescate ampelográfico rastrean antiguos censos catastrales, mapas medievales de monasterios cistercienses y tratados de agronomía romana y andalusí para localizar posibles enclaves de supervivencia. Se adentran en vaguadas impenetrables del Macizo del Garraf, las Sierras de Gredos o los cañones del Sil, examinando viejísimas cepas asilvestradas que se abrazan a robles y encinas como si fueran lianas tropicales.

Cuando se halla un ejemplar susceptible de interés, el protocolo científico se despliega con rigor implacable. En primer lugar, se toman muestras de hojas jóvenes para realizar análisis de microsatélites de ADN (marcadores SSR), que permiten cotejar el perfil genético contra las macrobases de datos internacionales de germoplasma de Vitis vinifera, como las de Vassal en Francia o El Encín en Madrid. Es en este instante donde la adrenalina científica alcanza su cénit: si el perfil alélico no coincide con ningún registro previo, se confirma el hallazgo de un genoma perdido para la humanidad.

No obstante, encontrar la cepa es solo el primer escalón de un viacrucis biológico. En su secular aislamiento, la inmensa mayoría de estas viñas silvestres están parasitadas por múltiples virosis endémicas (como el virus del entrenudo corto o el enrollado de la hoja) que comprometen su viabilidad vegetativa. Para multiplicarlas sin transmitir las patologías, se recurre a la micropropagación in vitro y a la termoterapia de meristemos: se aísla el diminuto ápice del brote de apenas unas décimas de milímetro, donde la velocidad de división celular supera a la replicación vírica. Tras meses de cultivo estéril en placas de Petri, se obtienen plantas completamente saneadas listas para ser microinjertadas en campos experimentales.

Este proceso, que oscila entre los diez y los quince años desde el hallazgo del esqueje hasta la primera cosecha microvinificada, exige una templanza benedictina. Es un empeño patrimonial donde no median urgencias de rentabilidad a corto plazo, sino la convicción inquebrantable de restituir un eslabón fundamental de la biodiversidad vitícola del planeta.

Capítulo 2: Arqueología Ampelográfica y la Búsqueda Molecular en el Matorral
Capítulo 2: Arqueología Ampelográfica y la Búsqueda Molecular en el Matorral
CAPÍTULO 03

Capítulo 3: Retrato de las Variedades Resucitadas: Moneu, Forcada, Querol y Gonfaus

Para encarnar este renacimiento sensorial, cuatro variedades excepcionales han sido rescatadas del filo del abismo y ensambladas en una proporción armónica insólita. La primera de ellas, la Moneu, es una variedad tinta milagrosa localizada en las estribaciones calcáreas del Penedès. De maduración extremadamente tardía y porte erguido, exhibe una resistencia sobrecogedora al estrés hídrico. Aporta al vino una trama de bayas rojas silvestres de viveza deslumbrante, taninos afilados pero colmados de nobleza y una tensión mineral que actúa como la columna vertebral indómita del coupage.

La Forcada, única variedad blanca que participa en este ensamblaje tinto a la vieja usanza del Ródano norte o de la Toscana prerrenacentista, fue descubierta en el Alt Penedès a más de 500 metros de altitud. Destaca por su estratosférica concentración de ácido málico y una paleta terpénica que evoca notas de corteza de cidra, flores de azahar y hierbas aromáticas de monte bajo. Su inclusión aporta luminosidad vertical, desengrasa la estructura polifenólica general y expande el prisma aromático hacia una dimensión aérea inigualable.

Por su parte, la Querol constituye una rareza botánica sin parangón en el viñedo europeo: a diferencia de la inmensa mayoría de cepas cultivadas, que son hermafroditas, la Querol es una uva de floración femenina. Esta singularidad exige que cohabite en la parcela con otras variedades polinizadoras, lo que genera racimos desgranados de bayas minúsculas con una elevadísima ratio piel-pulpa. El resultado en bodega es un extracto fenólico noble, una coloración rubí brillante de gran estabilidad y una impronta gustativa dominada por notas de laurel, pimienta y cacao amargo.

Cierra el cuarteto la Gonfaus, rescatada en los valles casi despoblados de Santa María de Merlès. Uva de fertilidad contenida y pámpanos vigorosos, es la guardiana de la frescura en añadas calurosas. Su aporte enriquece la profundidad terrosa del vino, introduciendo ecos de bosque umbrío, grosellas negras recién cogidas y una salinidad de fondo que acaricia las encías con un chasquido mineral permanente. La conjunción de estas cuatro individualidades conforma una arquitectura gustativa absolutamente virgen para los cánones modernos.

Capítulo 3: Retrato de las Variedades Resucitadas: Moneu, Forcada, Querol y Gonfaus
Capítulo 3: Retrato de las Variedades Resucitadas: Moneu, Forcada, Querol y Gonfaus
CAPÍTULO 04

Capítulo 4: El Terruño Marginal: Laderas Calcáreas y Resiliencia Geológica

Una variedad ancestral exige un marco geológico a la altura de su nobleza histórica; confinar estas cepas en vegas fértiles de aluvión desvirtuaría por completo su esencia salvaje. Por ello, este proyecto ha enraizado en bancales casi verticales entre el macizo kárstico del Garraf y la alta meseta de la Conca de Barberà, a altitudes comprendidas entre los 450 y los 780 metros. Se trata de suelos extremadamente magros, formados por una descomposición lenta de calizas cretácicas, margas azuladas y nódulos fósiles marinos que recuerdan la época en que estos valles eran el lecho de un mar cálido terciario.

La escasez de materia orgánica en estos suelos obliga a las raíces a adentrarse en fisuras de roca caliza viva en busca de humedad subterránea, alcanzando con frecuencia profundidades superiores a los ocho metros. Este peregrinaje radicular protege a la planta de los rigores de la canícula estival y le permite absorber elementos traza —fósforo, magnesio, carbonato de calcio— que se traducen en el mosto en una salinidad intrínseca y una capacidad amortiguadora (buffer) frente a la oxidación prematura.

El clima de esta encrucijada geográfica es mediterráneo de acusada influencia continental de montaña. La proximidad del mar modula las temperaturas diurnas gracias a la marinada, esa brisa fresca vespertina que desciende por los desfiladeros secando la humedad ambiental y alejando cualquier atisbo de botritis u oídio. Durante la noche, el aire frío procedente de las cumbres pirenaicas desploma el termómetro, provocando gradientes térmicos de hasta 20°C entre el mediodía y la medianoche.

Esta oscilación térmica radical constituye el auténtico secreto de la lentitud metabólica de las variedades ancestrales. Mientras las uvas foráneas colapsan y degradan sus ácidos orgánicos bajo el sol implacable, estas cepas autóctonas bloquean su fotosíntesis durante las horas centrales y reanudan una maduración pausada en el frescor nocturno, acumulando antocianos y polifenoles maduros sin disparar la concentración de azúcares fermentables. El resultado es un vino de formidable complejidad tánica con apenas 13.5% de alcohol en volumen.

Capítulo 4: El Terruño Marginal: Laderas Calcáreas y Resiliencia Geológica
Capítulo 4: El Terruño Marginal: Laderas Calcáreas y Resiliencia Geológica
CAPÍTULO 05

Capítulo 5: Filosofía Enológica: Desnudez Tecnológica y Crianza en Gres y Foudres

El abordaje enológico de variedades milenarias recuperadas exige una renuncia absoluta a la vanidad de la enología intervencionista. Tratar estas uvas con sobremaceraciones, enzimas comerciales, levaduras exógenas o barricas nuevas de roble fuertemente tostado supondría cometer un sacrilegio estético: sepultar el genoma milenario bajo el maquillaje uniformador de la vainilla y los tostados de maderas foráneas. La consigna en bodega es la desnudez receptiva, un acompañamiento reverencial de la energía natural del mosto.

La vendimia se realiza de forma manual en pequeñas cajas de diez kilogramos durante las primeras horas del alba, seleccionando racimo a racimo en mesas de clasificación óptica. Un 20% de la uva tinta se vinifica con raspón entero, verde y flexible, previamente secado a la sombra. Este aporte de raquis aporta frescor sápido, una estructura tánica angular y una oxigenación intrínseca durante la fermentación alcohólica, que se desarrolla exclusivamente con el consorcio de levaduras indígenas adheridas al hollejo en el propio viñedo.

La extracción es etérea: no se aplican remontados violentos con bombas mecánicas ni bazuqueos demoledores. En su lugar, se emplea la técnica ancestral de la infusión, manteniendo el sombrero de hollejos humedecido mediante ligeros rociados manuales que permiten una lixiviación delicada de los compuestos cromáticos y aromáticos sin rasgar los taninos más acerados de las pepitas.

Para la crianza se ha desterrado la barrica bordelesa convencional. El vino reposa durante 16 meses en recipientes térmicamente inertes y de mínima interacción aromática: tinajas de gres cerámico de 500 litros elaboradas con arcillas cocidas a alta temperatura, que permiten una microoxigenación finísima sin ceder un solo nanogramo de tanino de madera; foudres ovales de roble austríaco Stockinger de 2.500 litros con tostado neutro al vapor; y un pequeño porcentaje en tinas ovoides de hormigón crudo donde las corrientes de convección naturales mantienen a las lías finas en suspensión perpetua, otorgando una textura en boca cremosa que arropa la electricidad de su acidez.

Capítulo 5: Filosofía Enológica: Desnudez Tecnológica y Crianza en Gres y Foudres
Capítulo 5: Filosofía Enológica: Desnudez Tecnológica y Crianza en Gres y Foudres
CAPÍTULO 06

Capítulo 6: La Memoria del Gusto: Análisis Organoléptico Tridimensional

Descorchar una botella de este vino ancestral es adentrarse en un paisaje gustativo virgen, un viaje en el tiempo que desafía la biblioteca olfativa del aficionado más avezado. En la copa, el vino se presenta con una transparencia aristocrática: un rojo rubí luminoso de capa media-baja, lejano a las opacidades negruzcas del gusto comercial de finales del siglo XX. Esta limpidez traslúcida es el preámbulo visual de un extracto donde predomina la tensión sobre la densidad pesada.

En la fase olfativa, el despliegue es un prodigio de estratificación geobotánica. La primera impresión no revela frutas mermeladas ni roble dulzón, sino un estallido crujiente de frutas silvestres no domesticadas: arándanos encarnados, grosella roja, endrinas y escaramujos. A medida que el vino entra en contacto con el aire y asciende de temperatura, el espectro aromático se complejiza con notas de resina de pino carrasco, hojas secas de tomillo, jara pringosa, ceniza volcánica y un soplo de piedra caliza rota bajo el sol que evoca de manera incontestable el terruño del que procede.

En boca es donde el ensamblaje revela su grandeza disruptiva. El ataque carece de la pesadez alcohólica habitual en las latitudes del sur de Europa. Es una entrada filigrana, casi aérea, propulsada de inmediato por una acidez tartárica rectilínea que hace salivar las glándulas sublinguales con intensidad casi marina. El tanino es de una nobleza inmaculada: no se adhiere a las encías con sequedad gomosa, sino que vibra como una cuerda de violonchelo, aportando firmeza estructural sin renunciar a una caricia de seda salvaje.

El postgusto es eterno, seco y profundamente sápido. Deja una sensación balsámica y ferruginosa que limpia el paladar con precisión monástica, despidiéndose con un eco mineral que persiste en la memoria sensorial durante minutos. Es un vino de contemplación, pero paradójicamente dotado de una bebilidad adictiva, fruto de su prodigioso balance de acidez natural y alcohol comedido.

Capítulo 6: La Memoria del Gusto: Análisis Organoléptico Tridimensional
Capítulo 6: La Memoria del Gusto: Análisis Organoléptico Tridimensional
CAPÍTULO 07

Capítulo 7: La Respuesta Genética al Colapso Climático: La Salvación del Futuro

Más allá de su deslumbrante trascendencia organoléptica y su incuestionable valor arqueológico, el rescate de las variedades ancestrales constituye una póliza de seguro biológica frente al mayor desafío que afronta la civilización humana: la crisis climática global. En las últimas tres décadas, los viñedos de todo el planeta han experimentado un adelanto sistemático de las vendimias, desacompasando la maduración tecnológica (azúcares) de la maduración fenólica (pieles y semillas). Este desfase genera vinos hiperalcohólicos, planos de acidez, con taninos verdes y perfiles sensoriales monótonos y fatigantes.

Las variedades rescatadas, forjadas durante siglos de adaptación a sequías cíclicas extremas en el arco mediterráneo, poseen particularidades fisiológicas prodigiosas. Presentan una regulación estomática hiperreactiva: en momentos de calor abrasador, sus hojas cierran de inmediato los estomas para frenar la evapotranspiración, evitando el colapso vascular de la vid. Además, su ciclo fenológico es prodigiosamente tardío: florecen hasta tres semanas después que variedades como el Merlot o el Tempranillo, esquivando las heladas tardías primaverales, y enveran a finales de agosto, realizando la síntesis polifenólica definitiva en las semanas templadas de octubre y noviembre.

Asimismo, estas cepas atesoran una capacidad biosintética singular para acumular ácido tartárico e impedir la metabolización del ácido málico en noches cálidas, garantizando que el vino resultante posea un pH extraordinariamente bajo (entre 3.15 y 3.25) de forma completamente espontánea, sin recurrir a correcciones ácidas artificiales en la bodega. Este bajo pH no solo otorga luminosidad sensorial; actúa como un bactericida natural implacable que permite reducir drásticamente el uso de sulfitos durante la crianza.

Asistimos, por tanto, a una hermosa paradoja evolutiva: para salvaguardar la viabilidad del vino en el siglo XXI no necesitamos recurrir a modificaciones genéticas en laboratorios asépticos ni importar castas exóticas descontextualizadas de su entorno. Las respuestas yacían ya en la tierra, cifradas pacientemente en los zarcillos de unas cepas despreciadas que esperaban, con la paciencia inmutable de la naturaleza, a que el ser humano recuperara la lucidez para volver a escucharlas.

Sumillería Molecular

Armonías Gastronómicas Canónicas

Pichón de bresse asado en dos cocciones con reducción de moras silvestres y níscalos de pinar

La carnosidad ferroso-sanguínea de la volátil armoniza magistralmente con la acidez viva del Moneu y la finura tánica del Querol, despejando el paladar sin enmascarar la noble rusticidad del bosque.

Mero negro de roca con glaseado umami de sus espinas, chirivía al rescoldo y salicornia

El frescor cítrico-mineral y la salinidad intrínseca del Forcada y el Gonfaus aportan la tensión necesaria para dialogar con la untuosidad gelatinosa del pescado de profundidad.

Molleja de ternera lechal glaseada a la brasa con emulsión de trufa melanosporum y acedera silvestre

El balance graso de la molleja se ve elegantemente equilibrado por la vertiginosa espina dorsal ácida del ensamblaje, limpiando el tejido untuoso con sedosidad.

Fotografía Gastronómica MomenFress
Cartografía Enológica & Terruño

Geolocalización, Terruño & Sede

Composición edafológica, microclima del pago y localización geográfica del terruño.

Terruño & Subzona Canónica

Alt Penedès / Conca de Barberà, España

Sede Reguladora: Camí dels Bancals Perduts, s/n, 43420 Santa Coloma de Queralt, Tarragona
Geología & Ecosistema del Terroir

Parcelas diseminadas en terrazas calcáreas y margas arcillo-limosas situadas entre los 450 y 780 metros sobre el nivel del mar. Suelos pobres en materia orgánica, extraordinariamente permeables y con abundante nódulo calcáreo, sometidos a una notable oscilación térmica día-noche favorecida por las brisas marinas canalizadas por las gargantas montañosas.

Pago singular de vinificación de mínima intervención
Consultas Enológicas

Preguntas Frecuentes (10 Claves)

Criterios técnicos de cata, decantación, potencial de guarda y maridajes moleculares resueltos por nuestro equipo enológico.

Se consideran ancestrales aquellas variedades autóctonas cultivadas históricamente en una región geográfica determinada con anterioridad a la invasión filoxérica de finales del siglo XIX, que dejaron de cultivarse de forma generalizada hasta caer en el desuso agronómico o la extinción práctica, y que no han sido fruto de cruzamientos o manipulaciones genéticas modernas.

A través de rigurosos análisis de biología molecular mediante secuenciación de microsatélites de ADN (SSR). Este perfil genético se contrasta con los repositorios mundiales de germoplasma vitícola; solo si el perfil alélico no coincide con ninguna variedad catalogada se certifica su novedad y autenticidad botánica histórica.

Evolucionaron durante siglos en condiciones áridas mediante mecanismos de adaptación fisiológica que bloquean la degradación de los ácidos orgánicos (especialmente el tartárico y el málico) ante picos de calor estivales, sumado a un ciclo vegetativo largo que traslada la maduración final al otoño, cuando las temperaturas nocturnas son bajas.

Esta técnica ancestral, clásica de zonas legendarias como Côte-Rôtie con la Viognier, aporta acidez málica luminosa, fija y estabiliza los antocianos de las uvas tintas a través de fenómenos de copigmentación polifenólica y aporta complejidad terpénica con delicadas notas cítricas y florales.

Porque las variedades ancestrales poseen una identidad sápida muy sutil y original. El roble nuevo transferiría aromas de vainilla, coco y torrefactos que enmascararían por completo su singularidad. El gres y el hormigón ofrecen porosidad para la microoxigenación sin añadir componentes aromáticos foráneos.

El proceso completo oscila habitualmente entre 12 y 18 años. Incluye el saneamiento mediante termoterapia in vitro, la multiplicación vegetativa, la plantación en parcelas experimentales, la microvinificación en laboratorio durante varias añadas y, finalmente, la autorización administrativa del consejo regulador y el Ministerio de Agricultura.

Casi todas las viñas comerciales son hermafroditas y se autopolinizan. La flor femenina no puede autofecundarse y depende del polen de otras cepas cercanas transportado por el viento o insectos. Esto causa un cuajado irregular ('millerandage' natural), originando racimos sueltos con bayas muy pequeñas y hollejos gruesos cargados de sabor.

Porque estas variedades alcanzan la plena madurez fisiológica y polifenólica (taninos maduros y semillas marrones) con una concentración de azúcares moderada en el mosto. Esto rompe el paradigma moderno que exigía sobremadurar la uva hasta los 15% o 16% vol. para eliminar el verdor tánico.

Es muy común y signo de nobleza. Al ser un vino elaborado bajo un prisma de mínima intervención, sin clarificaciones agresivas ni filtraciones estériles que despojarían su textura aterciopelada, es probable que con el paso de los años precipite una pequeña cantidad de tártaros y materia colorante natural.

Armoniza de forma sublime con platos que incorporen elementos botánicos y terpénicos afines: carnes de caza menor perfumadas con bayas de enebro, guisos de setas de bosque (boletus, trompetas de la muerte) y reducciones aromáticas con hierbas silvestres como cantueso y ajedrea.

Comunidad MomenFress

Experiencias & Consejos de la Comunidad

Notas de cata, sensaciones organolépticas y valoraciones de sumilleres y lectores que han catado este vino.

4.9
sobre 5.0

Basado en 40 valoraciones globales de lectores · 40 opiniones detalladas

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