El Azar Creador: De Lavaplatos en Castelldefels al Refugio de Roses

La trayectoria de Ferran Adrià es la antítesis de la predestinación aristocrática culinaria. No nació entre fogones de fondas centenarias ni soñaba de niño con chaquetillas bordadas con laureles. En 1980, con 18 años recién cumplidos, consiguió un empleo lavando platos en el Hotel Playafels de Castelldefels únicamente para ahorrar dinero y pasar el verano de fiesta en Ibiza. Fue el cocinero jefe de aquel hotel quien observó su inusual destreza manual y le entregó un ejemplar de El Práctico de Díaz Yubero, la biblia de la cocina clásica española, abriendo una ventana a la técnica que jamás volvería a cerrarse.
Tras cumplir el servicio militar en la Armada española en Cartagena, donde demostró una asombrosa capacidad organizativa al frente de la capitanía, un joven compañero de armas llamado Fermí Puig le recomendó hacer un stage estival en un restaurante recóndito de la Costa Brava: elBulli. Ubicado al final de siete kilómetros de pista de tierra tortuosa que serpenteaba entre pinares abruptos hasta desembocar en la cala solitaria de Montjoi, aquel lugar poseía una atmósfera casi mística. Adrià llegó en agosto de 1983; nadie sospechaba que aquel rincón apartado de la civilización se convertiría en la Meca de la revolución gastronómica mundial.
El desembarco en Cala Montjoi supuso un choque telúrico para aquel joven catalán de veintiún años. Regentado por el matrimonio Schilling y dirigido en sala por el carismático Juli Soler, elBulli era entonces un refinado restaurante estival con una estrella Michelin que rendía pleitesía al recetario de la Nouvelle Cuisine francesa. Ferran se integró como ayudante bajo la batuta del chef Jean-Paul Vinay, asombrando a la brigada por su infatigable capacidad de trabajo, su memoria fotográfica y una inquietud insaciable que le llevaba a memorizar de madrugada las composiciones moleculares de los libros de gastronomía clásica que descansaban en la biblioteca del restaurante, sentando las bases de una rebelión técnica sin precedentes.











